Falleció Roberto De Vicenzo, símbolo del golf argentino

Hoy los grandes deportistas están construidos alrededor de lo mediático, no alcanza sólo con su talento. Tatuajes, lujos, un estilo de vida extravagante, escándalos, todo ayuda para construir la personalidad y el mito alrededor de los atletas.

Pero Roberto De Vicenzo fue más, mucho más. Un golfista de primera línea, que nunca hablaba de sus cualidades técnicas si no era estrictamente necesario; se codeaba con príncipes y presidentes, pero seguía siendo el mismo que hablaba con cualquier otra persona; ganó más de 200 títulos, cifra que ya ni él mismo recordaba a la perfección, pero aún así señalaba que el mayor logro de su vida fue haber conocido a su mujer, Delia, con quien llevaba más de 60 años juntos.

Sus inicios

Nació en las cercanías de la actual Estación Chilavert, en Villa Ballester, al norte de la Provincia de Buenos Aires. Ya en su infancia, y también adolescencia, vivió en el barrio porteño de Villa Pueyrredón, cerca de la estación ferroviaria Miguelete, en el límite del barrio General San Martín. Fue en el campo de golf de allí donde aprendió desde los 9 años el oficio de caddie. Pero su talento lo hizo sobresalir, y en 1933 jugó su primer torneo de golf. El primer trofeo lo ganó con tan sólo 19 años, cuando triunfó en el Abierto del Litoral, en Rosario.

El Abierto Británico

En 1953 se alzó con la Copa del Mundo por equipos, junto a Antonio Cerdá, y ya en la década del 60 se metió definitivamente en la elite de este deporte, junto con la consagración más importante de toda su vida: el Abierto Británico de 1967, en la mítica cancha del Royal Liverpool.

De Vicenzo recordaba este torneo con una gran sonrisa e ironía: “Aquella vez, la clave fue la concentración y la confianza, aunque no me tenían como favorito. ¡Si en las casas de apuestas yo estaba 70 a 1!”. Con 278 golpes, el argentino se coronó campeón contra gigantes del golf de aquellos años, como Gary Player, y el defensor de aquel título, Jack Nicklaus.

El episodio que marcó su carrera

Pero lo que demuestra la grandeza de Roberto De Vicenzo dentro y fuera de los campos fue el famoso episodio de Augusta, cuando su compañero de vuelta, Tommy Aaron, cometió un error al anotar un golpe más en la tarjeta que correspondía al argentino, y eso le terminó costando quedar en el segundo lugar en el famoso Masters, uno de los títulos más preciados del circuito. De Vicenzo lamentaría toda la vida no haber advertido a tiempo ese error, lo que le impidió el desempate con Bob Goalby, pero jamás acusó a Aaron, ni al comité, ni a nadie más que a él mismo, con la famosa frase: “Qué estúpido soy”.

Pese a eso, lo que no ganó en título lo hizo en caballerosidad, porque el argentino jamás renunció a las reglas del juego y, fiel a su consigna de que las normas deben respetarse, acató la decisión final y lo mantuvo durante toda su carrera, la cual se extendió hasta pasados sus 50 años, habiendo ganado el Masters Senior de Estados Unidos con 57, en 1980.

Un hombre para la historia

De Vicenzo se convirtió en uno de los grandes deportistas argentinos de esa época, y el más laureado internacionalmente junto al remero Alberto Demiddi, pese a destacarse en un deporte que nunca fue demasiado popular en tierras sudamericanas. Pero él siguió jugando, siguió compitiendo hasta que llegaron sus herederos deportivos, como Vicente Fernández, Eduardo Romero y Angel Cabrera.

En 2006 se inauguró el Museo del Golf, en Argentina, donde se exhiben trofeos y recuerdos del golfista. En 1967 y 1970 le fue otorgado el Premio Olimpia de Oro. En 1980, la Fundación Konex le otorgó el Premio Konex de Platino como el mejor golfista de la historia en la Argentina, y en 1999 fue nombrado uno de los 5 más grandes deportistas de la historia argentina junto a Juan Manuel Fangio, Diego Maradona, Carlos Monzón y Guillermo Vilas. Además, desde 1989 forma parte del Salón de la Fama del Golf Mundial, y en su honor, el PGA TOUR Latinoamérica decidió implementar el “Premio Roberto De Vicenzo” para los golfistas que obtengan la Orden de Mérito en cada temporada.

Sus últimos años

Sorprendía verlo pleno tanto física como mentalmente, pese a tener más de 90 años. Pero ‘El Maestro’ estaba ya en los últimos partidos, y el pasado 21 de marzo patinó mientras se dirigía al baño de su casa, lo que le provocó una fractura de cadera. Ese accidente derivó en una internación, pero él se mantuvo fiel a su personalidad, lúcido y de buen humor, hasta que su salud dijo ‘basta’, y Roberto De Vicenzo cerró para siempre sus ojos en su casa de Ranelagh, junto a sus seres queridos, el logro más importante de toda su vida.

Todos los títulos de Roberto De Vicenzo

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